Walter Benjamin, Sant Antoni y los años 30
Hubo un tiempo en que Sant Antoni era un pequeño pueblo marinero a donde sólo llegaban unos pocos turistas buscando un paraíso alejado de las modas o un refugio donde alejarse de los tiempos convulsos. Walter Benjamin fue uno de ellos, y en este artículo vamos a seguir una ruta por el San Antonio que vio y vivió este destacado intelectual alemán durante sus estancias en los años 1932 y 1933.
Sant Antoni, años 30: Un pueblo de casas humildes y villas de veraneo
Cuando Walter Benjamin visitó por primera vez Sant Antoni, llamado entonces San Antonio Abad, corría el año 1932 y fue la fortuna (la buena y la mala) la que lo trajo hasta este desconocido enclave mediterráneo alejado aún de toda modernidad. En aquella primera estancia, que duró de abril a julio, el escritor, filósofo y crítico literario de origen judío disfrutó especialmente de la ausencia de otros europeos, encontrándose tan sólo con dos o tres parejas de alemanes.
A sus 39 años, encontró en Sant Antoni y en los alrededores una naturaleza virgen, un mundo campesino cuyas tradiciones apenas habían sido alteradas y formas de vida arcaica que se oponían al modernismo arquitectónico del que era crítico en sus escritos. El pueblo apenas estaba constituido por un grupo de casitas situadas en torno a su iglesia, el Ayuntamiento, algunas villas de veraneo -como Villa Mercedes y Villa Nieves, aún en pie-, y otros edificios dispersos, como el faro de Ses Coves Blanques, el molino d’en Simó y el molino de Sa Punta, junto al cual precisamente viviría en 1932.
La ruta de Walter Benjamin por Sant Antoni
Las siguientes paradas bien pueden conformar una ruta por los enclaves por donde deambuló el intelectual alemán durante sus dos estancias en 1923 y 1933.
- Sa Punta des Molí: la modesta vivienda situada junto al molino albergó a Walter Benjamin en su primer viaje ya no existe, pues se demolió hace tres décadas. Se la alquiló a un pescador local por una modesta cantidad -el alemán contaba con muy pocos recursos económicos-, y su ubicación le permitió disfrutar de baños diarios en la bahía, lectura bajo los árboles, tranquilos momentos de escritura, largas caminatas y conversaciones con residentes y visitantes. Junto a la casa, se encontraba el molino y una noria, ambos en pie y restaurados.
- La playa de s’Arenal: en la actualidad, la playa resulta bastante diferente a aquella por la que paseara Walter Benjamin. Entonces, era todo un arenal hasta la entrada del pueblo, con dunas y la vegetación propia del litoral; un riachuelo que vertía agua dulce en la bahía y unos fondos marinos repletos de gambas, almejas, cangrejos y anguilas.
- Cine Torres: cuando Benjamin llegó a Sant Antoni, el pueblo ya acudía al Cine Torres, inaugurado en 1931 en un humilde edificio que aún permanece –aunque cerrado- en la calle Bisbe Torres. Por aquel entonces, el mar llegaba hasta lo que hoy es el paseo de Ses Fonts, pues no fue hasta más tarde que se ganó terreno a la bahía.
- Hotel Portmany: el primer hotel de Sant Antoni se inauguró en el año 1933, con gran pesar por parte de Walter Benjamin, quien durante el viaje de ese año -de abril a septiembre- lamentó la creciente llegada de viajeros europeos y alemanes, una cantidad mínima a nuestros ojos, pero un cambio remarcable para un Benjamin espantado con las rupturas que estaba trayendo el siglo XX década tras década. Cuando se inauguró, el Hotel Portmany supuso toda una novedad en San Antonio, pues ofrecía comodidades de lujo para la época. Hoy, el hotel luce renovado tras un largo periodo cerrado, manteniendo la característica fachada de estilo colonial frente a la que tantos viajeros han pasado desde los años 30.
- Iglesia de Sant Antoni: cuando Benjamin visitó el pueblo, la iglesia y su torre se podían divisar desde Sa Punta des Molí y la playa. Hoy queda tapada tras varios edificios, pero tanto el exterior como el interior conservan la misma apariencia que en los años 30. Es uno de los mejores ejemplos de iglesia fortificada tradicional ibicenca.
- Es Molí d’en Simó: ubicado en el carrer de l’Estrella, es un antiguo molino harinero de tipología mallorquina y torre estrecha. En la actualidad acoge una colección de indumentaria típica ibicenca, armas, cestería e instrumentos musicales datados a partir del siglo XIX.
- Villa Mercedes: construida en el año 1901 en estilo ecléctico, conserva los elementos característicos de las villas de veraneo de entonces, con terrazas con balaustrada y detalles de estilo colonial. La vecina Villa Nieves, situada en la calle del Mar, se construiría en un estilo similar.
- Faro de Ses Coves Blanques: se construyó en 1897 en un enclave por entonces alejado del pueblo, funcionando hasta 1963, cuando perdió su utilidad. Hoy en día se ha convertido en una sala de exposiciones.
Ibiza en los escritos de Walter Benjamin
Durante su primer estancia en Sant Antoni, el filósofo alemán estableció una fuerte conexión emocional con la isla, sus habitantes y las tradiciones insulares, considerándolo casi como un paraíso al margen del mundo y de Europa. En aquellos meses, escribió relatos y artículos que luego formarían parte de obras como Infancia en Berlín hacia 1900 o de la conocida como Serie de Ibiza. Además, escribía cartas que enviaba casi a diario a amigos y colegas, destacando la belleza del paisaje y las sensaciones originadas por el viento, la austeridad y las gentes de la isla.
Su segundo viaje a Ibiza, en 1933, adquirió un tono más sombrío, pues Benjamin llegó huyendo de la Alemania nazi tras el ascenso de Hitler y la isla comenzaba a recibir más turistas (alemanes y americanos, principalmente), lo que provocó una subida en el precio de los alquileres, justo cuando su situación económica era aún más precaria. En aquellos meses, vivió en una casa próxima al Faro de Ses Coves Blanques y en una habitación cerca de Sa Punta, en la casa alquilada por un matrimonio alemán amigo.
Tras su marcha a finales de septiembre de 1933, Benjamin abandonó Ibiza para no volver jamás, rumbo a París, donde residiría hasta su trágico fallecimiento en 1940. Para conocer las reflexiones y vivencias de Walter Benjamín durante sus estancias en Sant Antoni, resulta muy recomendable leer Experiencia y pobreza, Walter Benjamin en Ibiza, un interesante ensayo escrito por Vicente Valero.
Otros intelectuales y artistas que visitaron Ibiza en los años 30 y quedaron fuertemente impresionados por el legado arquitectónico y etnográfico que perduraba casi intacto en la isla fueron los siguientes: Paul Gauguin, nieto del pintor; el artista y fotógrafo dadaísta Raoul Hausmann, el periodista estadounidense Elliot Paul o los arquitectos Erwin Broner y Josep Luís Sert, entre otras figuras.
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